Sin embargo, en el Distrito Nacional, conseguir una renta en pesos dominicanos comienza a escasear frente a la proliferación de ofertas en dólares.

Cristian Trinidad Vicente, quien lleva cuatro años trabajando como agente inmobiliario, dice que cada vez son más los clientes que quieren rentar apartamentos de una habitación –generalmente amueblados– en dólares, con precios que van entre 400 y 750 dólares en zonas como Gazcue, Ciudad Nueva o Ciudad Colonial.

«Si yo comparo los precios en Gazcue y Naco, ya prácticamente están iguales los apartamentos nuevos. Yo te puedo decir que en Gazcue ya hay apartamentos más caros que en Naco, aunque obviamente en Naco hay pisos –en un penthouse o en un piso alto– que pueden costar hasta 4,000 dólares, aunque duran mucho para rentarse», analizó.

La tendencia, cada vez más marcada, de dolarizar la mensualidad de las propiedades responde, para Meléndez, a la búsqueda de protección frente a la inflación y a la volatilidad cambiaria.

Ng Cortiñas resalta que las viviendas están incorporando supuestos de depreciación del peso de hasta un 5 %, situando el tipo de referencia en torno a 65 pesos por dólar, lo que incrementa el valor de los inmuebles en pesos sin un ajuste equivalente en los ingresos de los compradores.

«La vivienda comienza a comportarse más como un activo indexado al riesgo cambiario que como un bien de uso anclado a la economía doméstica», enfatizó.

En el Polígono Central, un apartamento de una habitación ronda entre 750 y 1,100 dólares, mientras que los de dos habitaciones se ubican entre 1,000 y 1,600 dólares, y los de tres habitaciones pueden alcanzar rangos de 1,000 a 2,000 dólares en promedio, conforme la AEI. Quienes rentan en dólares suelen ser inquilinos de alto perfil –como empresarios, comerciantes o diplomáticos–, que realizan sus pagos en dólares o su equivalente en pesos, a la tasa del día.

Si bien en Dominicana no existe una normativa específica que prohíba o regule de manera directa los alquileres en dólares, los contratos deben regirse por el principio de autonomía de voluntad entre las partes y cumplir con el Código Civil y las normativas en materia de alquileres.

Para el economista, los acuerdos privados con referencias cambiarias implícitas crean una brecha entre la Ley 85-25 de Alquileres de Bienes inmuebles y Desahucios, –que establece que la oferta y los contratos deben expresarse en pesos dominicanos– y lo que ocurre en la realidad.  «Esta brecha evidencia una dolarización de facto del mercado de alquileres, que traslada el riesgo cambiario al inquilino», subrayó Ng Cortiñas.

Desde su labor, Trinidad coincide en que muchos propietarios deberían tener un trato más justo con los inquilinos a quienes, además de pagar en dólares, se les carga el aumento anual a la renta y otros costos asociados al momento de rentar el inmueble, como las comisiones inmobiliarias, las cuales deberían ser asumidas por los propietarios.

«Yo tuve un caso de un apartamento de 800 dólares en el que el cliente no quería dar la comisión inmobiliaria; tampoco quería dar un mes por adelantado… nada de eso, pero uno consigue por un año un inquilino que le va a pagar casi 10,000 dólares. Entonces, eso no cuadra», observó.

Mientras tanto, los inquilinos siguen llevando la carga más pesada del lugar al que quieren llamar hogar.

Mary Polanco reconoce que ha tenido que mudarse hasta cuatro veces en los seis años que duró viviendo sola, intentando estar cerca de los puestos de trabajo que ha asumido, por lo que espera poder estar más estable en la urbanización en que se encuentra ahora.

«La casa es cómoda; el sector es tranquilo. Desde que yo llego que abro mi puerta, nadie puede subir, si yo no le abro la puerta. Me da un mínimo de seguridad que un barrio populoso no me daría«, ponderó.

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Irmgard De la Cruz

Periodista. Egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con un semestre adicional en Comunicación Escrita cursado en Maryville College, Estados Unidos. Ha escrito sobre economía para los periódicos El Jaya y elDinero. Apasionada por las finanzas, la cultura, la literatura y el bienestar.