sábado, julio 24, 2021
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El hospital del socavón

Ya es tiempo de que el SNS ponga en funcionamiento al HDPB, con miras a convertirlo en un centro piloto de estándares internacionales.

Por JUAN LLADO

El útil y necesario Hospital Docente Padre Billini (HDPB), surto en el Centro Histórico de Santo Domingo, parece no importarle mucho a las autoridades del Servicio Nacional de Salud (SNS). Después que un indolente socavón provocó su cierre, los residentes del sagrado recinto han estado esperando la terminación de los trabajos de reconstrucción y remodelación que inició la infeliz OISOE. En vista de que tanto las obras como la espera se hacen interminables, procede perfilar su historia, resaltar su importancia y advertir las negativas consecuencias de su prolongado cierre.

El HDPB tiene ese nombre en honor al Padre Francisco Xavier Billini (1837-1896), un ejemplar sacerdote que se dedicó a servir a los pobres y a la caridad. Su obra incluye la creación de un orfelinato, un manicomio y una lotería cuyos beneficios se destinaban a la caridad. En el 1880, el gobierno le cedió el Hospital San Andres, un centro dedicado “al buen morir” que Billini convirtió en Casa de Beneficencia. Esta a su vez se convertiría, a partir del 1920, en el actual HPB. A través del tiempo se fueron añadiendo partes que no estaban incluidas en la estructura original. La edificación es hoy considerada un patrimonio monumental y, en consecuencia, debe respetar las directrices de la Direccion Nacional de Patrimonio Monumental (DNPM) del Ministerio de Cultura.

OISOE intervino producto del tremendo socavón que se produjo en el 2018 en un área del hospital adyacente a la Iglesia del Carmen. Este evento estremeció a las monjas del hospital y fueron ellas quienes, después que el Ministerio de Salud mudara todos sus equipos a otras dependencias de la ciudad, diligenciaron la intervención de la OISOE. (Como el socavón afectó ambas edificaciones, está pendiente una intervención del templo.) Pero no fue hasta junio del 2019 cuando, después de un diagnostico hecho por un ingeniero estructuralista, que la OISOE delegó en un contratista la obra de reforzar las columnas. Se reporta que el contratista, muy cercano al titular de la OISOE de entonces, es un buen profesional, aunque la volumetría de sus cubicaciones no ha sido auditada.

La obra está casi terminada y supuestamente solo le faltan detalles. Una novedad será el cierre y la climatización de todos sus pasillos. Pero la modificación principal será un área para las emergencias donde se recibirán las ambulancias, la cual está siendo preparada en un terreno adyacente perteneciente al hospital. Los vecinos están contentos con esa remodelación porque así se evitará el congestionamiento del tránsito vehicular, en vista de que anteriormente tenían que parquear en la Calle Santome. En la actualidad existe un diferendo entre la DNPM y la OISOE porque esta última no ha recibido permiso para ejecutar las obras del área de emergencias.

Los vecinos del lugar reclaman la pronta terminación de todas las obras. Sin embargo, la mudanza de los servicios de hemodiálisis es un reclamo adicional: estos no solo congestionan, sino que tambien producen un pandemonio de vendedores en los alrededores. Esos servicios deberán mudarse a otros hospitales con más espacio y que tengan una ubicación más conveniente para los pacientes.

El HPB solo tiene 24 habitaciones y el Centro Histórico de Santo Domingo tiene una población de unos 8,000 residentes. Sin embargo, al HDPB acuden pacientes de las barriadas cercanas (San Carlos, Villa Francisca y parte de Gazcue). Además, ocasionalmente se atienden emergencias de lugares más lejanos. Pero los residentes no serían los únicos que se atenderían en el lugar una vez arranque de nuevo el establecimiento. En base a datos del 2018, se estima que el Centro Histórico es visitado anualmente por más de 600,000 extranjeros, incluyendo los que visitan en excursiones diurnas y los cruceristas que pernoctan en sus respectivos barcos. Además, con el tiempo la visitación de la clase media dominicana es cada vez más extensa y durante los fines de semana se abarrotan los sitios de diversión. Esas dos poblaciones flotantes tambien son clientela potencial del HDPB si se suscitan situaciones inesperadas.

Tanto el SNS, la Unión de Juntas de Vecinos del Centro Histórico y las monjas del centro deben trazarse como meta que este hospital opere con los más altos estándares profesionales y la mejor calidad de los servicios. Estos deben rivalizar –sino superar—los de las mejores clínicas del país. Y debe aspirar a que sus estándares de acreditación sean certificados por una entidad de Estados Unidos como la Joint Commission International o por la agencia canadiense Accreditation Canada. Con ese endoso podrá aspirar a que los turoperadores y barcos cruceros que visiten la zona compren un seguro médico para sus clientes.

Si este seguro pudiera costar un dólar por persona serian muchas las obras que para el bien de la salud de los residentes se podrían financiar anualmente. Además, un ingreso extra ayudaría a subvencionar los costos operacionales del hospital. Ya este no funciona como una “clínica del alma” como cuando era un centro psiquiátrico, pero al designarlo como centro docente deberá contar con los mejores y más costosos galenos y a estos habrá que pagarles buenas compensaciones.

Ya es tiempo de que el SNS ponga en funcionamiento al HDPB, con miras a convertirlo en un centro piloto de estándares internacionales. Son falsos y descabellados los rumores de que una acaudalada familia quería la edificación para establecer ahí un hotel y el edificio está ya consagrado para prestar servicios médicos. ¡Manos a la obra! Evitemos otro socavón.

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