“Aquí entre nos…”, ¿Artero y nefasto?” /Por Alexis Almonte

Desde su dorado exilio de México, el ex presidente boliviano Evo Morales ha definido su estruendosa caída como “el golpe más artero y nefasto de la historia”.

Como sangrando por la herida, el defenestrado mandatario sostiene que con el inesperado desenlace provocado por un levantamiento popular contra su empecinada pretensión continuista “se consuma sobre la sangre de hermanos asesinados por fuerzas policiales y militares usadas por el golpe”.

Él, naturalmente, rehúye la responsabilidad del desastre que deja a su ruidoso escape, ignorando u omitiendo adrede sus motivaciones reales: su desmedida ambición de seguir contra viento y marea y a como diera lugar.

Es preciso, entonces, recordarle al ex presidente Morales y sus seguidores el derrotero que desencadenó está crisis, los polvos que trajeron estos lodos.

A contrapelo de la Constitución boliviana, que consigna la no reelección presidencial, convoca en febrero del 2016 un referendo para modificarla, pero la pierde: el 51.3 por ciento de los sufragantes le dice que no, pero ¿qué hace? Desconoce y burla groseramente la decisión soberana.

Apoyándose en el dictamen espurio de un Tribunal Constitucional de eunuco y adláteres, en noviembre del 2017, desconoce la prohibición constitucional y vuelve a presentarse para un nuevo período que, naturalmente, como debe ser cuando las elecciones las rigen semejantes paniaguados, las “gana” de manera marcadamente indecente y soez.

No se daba cuenta de que ya su suerte estaba echada, pero “atento a él” y a las turbamultas indígenas que lo apoyaba decide quedarse como quiera y por encima de lo que fuera. Como era de esperarse, las votaciones les fueron adversas desde los primeros conteos tras los comicios del domingo 20 de octubre.

Pese a un férreo control y manejo de jueces electorales incondicionales, la votación adversa es tan apabullante que poca cosa pueden hacer para torcer la voluntad popular. Plantean una segunda vuelta que Evo rechaza de plano.

Luego, en el procedimiento más obsceno e infame que recuerde la historia boliviana, tras horas de incertidumbre y silencio, salen con su supuesta victoria.

Era demasiado, pero para Evo Morales, que se creía tan listo e invencible, nada paraba su voluntad y de ahí viene su perdición.

Los bolivianos se levantaron contra aquella indecente ignominia y esto obliga la intervención de Organización de Estados Americanos (OEA), que certifica el fraude. La Unión Europea, la comunidad internacional y todo el mundo democrático pide balotaje para impedir el desastre, pero Morales sigue renuente, se niega a ceder un milímetro y cuando viene a recapacitar, sugiriendo nuevos comicios, ya era tarde.

Duelen el sacrificio de víctimas inocentes a causa de la obstinada ambición de Morales, pero debemos estar claro de que es el precio de la firme determinación de un pueblo valiente de hacerse respetar y forjar su propio destino.

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