Santo Domingo y su destino turístico por. Juan Llado

Hubo una época en que la Ciudad Primada de America era la gran meca turística del país. Para entonces venían al país pocos visitantes extranjeros y prácticamente no existían resorts de playa. Ese posicionamiento comenzó a decaer cuando surgieron estos últimos hasta que, eventualmente, esa competencia hizo que decayera el atractivo turístico de la ciudad. Hoy día la ciudad repunta con brío y representa una gran oportunidad para acrecentar el desarrollo turístico nacional. El desafío mayor es que su aprovechamiento no esté embridado por una planificación integral.

Esta percepción brotó como resultado de dos recientes eventos sobre la ciudad. Uno fue una edición del ciclo de charlas “Lideres formando Lideres” patrocinado por el Clúster Turistico de Santo Domingo. El segundo fue un conversatorio auspiciado por la Facultad de Arquitectura y Arte de la UNPHU sobre las Visiones de la Ciudad de Santo Domingo. En el primer caso, la charla versó sobre los logros de sostenibilidad de un complejo turístico como ejemplo a seguir, cerrando con un conversatorio que produjo sugerencias específicas. En el segundo caso, tres prominentes y experimentados arquitectos hicieron un recuento histórico de los esfuerzos de planificación urbana, perfilando sus fallas y los vacíos que hoy constituyen los principales retos.

Sin embargo, las conclusiones de ambos eventos no abordaron la necesidad de la planificación integral del desarrollo turístico citadino. Ni siquiera el primer evento aterrizó con una posición especifica de como acometer las tareas pendientes. Reconocieron que la ciudad ofrece una impresionante variedad de atractivos turísticos, pero también observaron que subsisten grandes retos para hacer de la ciudad un destino turístico sostenible. Los más sobresalientes incluyen el remozamiento de parques y monumentos, los desechos sólidos, la movilidad urbana, seguridad, energía renovable, etc. Hoy los esfuerzos desarrollistas se concentran en la Ciudad Colonial (CC), pero un área metropolitana de 4 millones de habitantes requiere un esfuerzo más abarcador.

En el segundo evento se tocó el tema turístico solo con un comentario marginal sobre el posible uso de la Feria Ganadera para un centro de convenciones. Las sugerencias se circunscribieron a tareas pendientes que provienen de décadas atrás y que no han sido atendidas por las sucesivas administraciones municipales. En una intervención del público, sin embargo, se señaló que el turismo era un ingrediente para tomar en cuenta en la planificación del desarrollo urbano de Santo Domingo, una megalópolis que tiene ya cerca de cuatro millones de habitantes.

Los diagnósticos turísticos sobre la ciudad no abundan. Para la ciudad entera solo podría apelarse al Plan Estratégico del Distrito Nacional que caducó en el 2015. El único estudio turístico profundo lo realizó la firma barcelonesa THR para el Clúster Turistico: Diagnostico del Destino Turistico Santo Domingo y su Plan de Refuerzo Competitivo (2007). Un intento más reciente lo constituyó la Consultoría Individual en Planificación Estratégica y Competitividad para Clúster de Turismo (2014). Ninguno de estos trabajos fue seguido de una ejecución sistemática, ni parcial ni totalmente. Lo más estudiado ha sido la CC, sobre la cual son numerosos los reportes de consultoría que la tratan ya sea a nivel global o por aspectos específicos.

Un problema medular que acusan los estudios es la desconexión entre lo puramente urbano y lo esencialmente turístico. Esta se hace patente en el Plan Estratégico del ADN, el cual cubrió solo uno de los 10 municipios que conforman el Gran Santo Domingo. Aunque entre sus proyectos se incluyó un Plan de Mercadeo y un Plan de Revitalización de la CC, el énfasis se pudo en el ordenamiento territorial, lo medioambiental y otros aspectos de desarrollo urbano. Los recursos meramente turísticos guardan alguna conexión con esos aspectos, pero el Plan se limita a la CC. Debido a que no ha habido una armonización de una cosa con la otra se requiere que haya una planificación turística integral.

Esa necesidad se desprende de una visualización de los mercados turísticos fuentes.  A pesar de que a la Mancomunidad de Santo Domingo la visitan más de dos millones de personas diariamente, el interés principal del plan seria el relativo a la visitación de extranjeros. Estos se pueden clasificar por las tres fuentes principales que la generan: cruceros, visitantes diurnos procedentes de la Costa Este y los que llegan por vía aérea por motivos de negocios. El reto no se limita a como acrecentar el numero de esos visitantes, sino que incluye también como exponerles los diferentes aspectos de la ciudad.

Lograr más visitantes extranjeros para la CC no es el mayor reto. Ese es un destino obligado tanto para los cruceristas como para los extranjeros que vienen de la Costa Este. Gastar recursos para promocionarlo entre ellos no tiene sentido, en vista de que es el atractivo principal de la ciudad y el motivador de su visita. Para los viajeros de negocios es también un destino obligado porque tenderán a visitarlo si les sobra tiempo. De ahí que el mayor blanco promocional deba ser la ciudad como un todo. Es en eso que deberán gastarse los recursos promocionales porque gastarlos en proyectar la CC seria dilapidarlos.

Pero el desafío mayor no es la promoción. El conocimiento y las herramientas de como hacerla son bien conocidos y están disponibles. Es lógico suponer, por otro lado, que la ciudad misma no generara visitas de extranjeros por si sola. Ni siquiera la CC es capaz de ser el motivador principal para que un canadiense se desprenda de Toronto, o un alemán de Hamburgo, para visitar la ciudad. Los turistas extranjeros que vienen lo hacen porque están aquí disfrutando de otros atractivos –las playas, el clima, los resorts, el precio y el “todo incluido”—y Santo Domingo es y será para ellos un atractivo marginal.

Lo principal de un plan seria identificar aquellos rasgos de la ciudad que requieren ser atendidos y/o manejados para que se constituyan en poderosos imanes, tanto para los extranjeros de las fuentes que hoy los generan como para los que podrían venir si se ofrecen rasgos adicionales. En ambos casos se requiere poner atención a las tareas pendientes ya mencionadas, la cuales son propias del desarrollo urbano. Pero en adición deberán identificarse aquellas obras e intervenciones que se emprenderían con el expreso propósito de atraer otros extranjeros o aprovechar mejor el flujo existente.

Hoy los extranjeros se concentran en la CC y ni siquiera existe un City Tour que ensene la ciudad entera. La estadía de los excursionistas diurnos y de los cruceristas es de unas 5 horas, un tiempo suficiente para que puedan visitar otros puntos de la ciudad. Si una línea del Metro llegara al Parque Independencia se les facilitaría visitar la Plaza de la Cultura. Y si se reconvierte el Faro a Colon y se instala un teleférico que lo conecte con la CC se podría enriquecer la visitación. Estos son ejemplos de cómo mejorar la experiencia del turista que ya visita y hacer más atractiva la ciudad.

Con un buen centro de convenciones y una mayor afluencia de cruceros se podría triplicar el volumen de visitantes a Santo Domingo. Pero sin planificación integral y una firme voluntad de aplicar sus prescripciones seguiremos batiendo las alas de la esperanza sin resultados tangibles.

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