La corrupción es una enfermedad costosa y paralizante

“Si la corrupción es una enfermedad, la transparencia es parte esencial del tratamiento”, dijo una vez Kofi Annan, secretario General de las Naciones Unidas. América Latina ha buscado un tratamiento con diferentes métodos, en los últimos años en la región  se ensaya de todo.

En 2015 en Guatemala los jóvenes salieron a las calles para protestar por la corrupción del entonces presidente Otto Pérez. En Brasil hubo protestas masivas para exigir justicia por el caso Odebrecht.

En Perú, los medios de comunicación no bajan la guardia y denuncian las prácticas corruptas de políticos, entre ellos los jueces. En Honduras se han creado comisiones internacionales y ahora en Colombia se acude a una consulta popular.

La preocupación no es menor, la corrupción es una enfermedad costosa y paralizante. Casos como el de Odebrecht que involucra a una decena de presidentes en la región, o el caso conocido como “Los cuadernos de las coimas” en Argentina  demuestran que el problema no es menor.

Aunque en Colombia no hay un caso internacional, ni protestas que paralicen un país los escándalos no cesan, un grupo de congresistas promueven una consulta popular para que se discutan temas que podrían frenar la corrupción y a su vez convertirse en iniciativas en el Congreso. Sin embargo, para que que esto ocurra, primero deben garantizarse 12. 5  millones de votos. Algunos de lo críticos de esta medida consideran que la propuesta es demagógica porque ya hay leyes para controlar el enriquecimiento con recursos públicos. Y fuera de eso, también genera dudas que la consulta luego tenga que ser aprobada por los mismos político, algo que despierta muchas dudas sobre la capacidad de los políticos de autorregularse.

Colombia es buen botón de muestra del dinero que se pierde en corrupción y sintetiza lo que pasa en América Latina, donde están 16 de los países más corruptos del mundo según datos del informe 2018 de Transparencia Internacional. Por ejemplo, Venezuela es el país con mayor índice de corrupción.  Año tras año, estudios, estadísticas y documentos sitúan a varios países de esta región entre los más corruptos.

Los indicadores ni son alentadores ni esperanzadores de que la enfermedad está cediendo, al contrario, organismos como Transparencia Internacional confirman el avance.

Que la corrupción no disminuya y al contrario, se incremente no solo lo confirman los estudios sino el hartazgo de los ciudadanos que ven un modelo desequilibrado porque por una parte, están en medio de sistemas tributarios que los asfixian; mientras por otra, ese recurso es desviado para su fin original y termina en el bolsillo de políticos corruptos.

En el 2015, ese hartazgo se materializó en Guatemala cuando las calles fueron muestra de que los ciudadanos no estaban dispuestos a soportar más la corrupción.

Sin embargo, por más movilizaciones que generaron que el presidente de Guatemala, Otto Pérez, renunciara, tres años después, la película se repite pero con el presidente que se supondría significaría un cambio, Jimmy Morales.

Los aires de primavera latinoamericana, como alusión a lo ocurrido con la Primavera Árabe, confirman que ni primavera ni verano, porque en la región no basta las protestas para desarticular prácticas instaladas en los diferentes niveles de gobierno y no solo ahí, sino en las mismas prácticas ciudadanas.

Connectas hizo un análisis en 2015 sobre la revolución guatemalteca que se estaba viviendo en ese entonces en contra de la corrupción:

<span data-mce-type=”bookmark” style=”display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;” class=”mce_SELRES_start”></span>

Aún cuando en Guatemala el grito ciudadano cimbró a la clase política, no fue suficiente para lograr una renovación. Luchar contra la corrupción es también un buen discurso de marketing y una bandera demagógica que al agitarse puede convencer, pero no significa cambios reales.

  En México, en cambio, gran parte del éxito de Andrés Manuel López Obrador, actual presidente electo, es por ese hastío a la idea de corrupción de los partidos tradicionales. Sin embargo, en su gabinete están políticos acusados por casos de corrupción lo que ha generado descontento social en quienes lo votaron.

Mientras tanto, el actual presidente electo López Obrador  ya anunció sus 50 medidas de austeridad y formas de luchar contra la corrupción.

Habrá que esperar si las acciones prometidas por López Obrador son eficientes y un cambio real. Por su parte, en sociedades como la peruana quienes colocan el tema de la corrupción en la agenda son los medios de comunicación, en especial los espacios de investigación como Ojo Público que a través de una alianza con otros medios dieron a conocer el escándalo los “Audios de la corrupción” que son prueba de cómo el poder Judicial usaba su cargo para beneficios de grupos políticos o personales.

Otro ejemplo es lo ocurrido en Brasil y en más de 10 países con los casos de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht donde la justicia investiga a funcionarios de distintos niveles involucrados en sobornos para beneficio de esta compañía.

El desvío de recursos públicos no siempre ha significado movilizaciones o protestas masivas, hay quienes ven en estas denuncias venganzas políticas. Aún así, la corrupción como los virus tienen algo en común: ataca sin distinguir colores, ideologías o lugares geográficos.

En Bolivia, equipo del gabinete de Evo Morales ha sido acusado de corrupción, lo mismo que en Argentina, donde recientemente el periódico La Nación dio a conocer los “Cuadernos de las Coimas”, un escándalo que involucra a la ex presidenta Cristina Kirchner.

En Argentina el tema no puede leerse lineal y como en un partido de fútbol la sociedad de este país está dividida porque mientras Cristina Kirchner es acusada de corrupción, el actual presidente, Mauricio Macri, también está inmiscuido en el escándalo de los Panama Papers.

Allá, la polarización es tal que, por ahora, es impensable imaginar una consulta anticorrupción como la consulta popular que habrá en Colombia este 26 de agosto.

De todo el dinero que se pierde hay estimados, estudios y estadísticas para calcular cuánto dinero se perdió  en sobornos y coimas para ser devorado por un monstruo de mil cabezas, un parásito que bien come en la ventanilla de un trámite médico o se indigesta en la oficina de un diputado que recibe sobornos a cambio modificar una ley a favor de los grupos empresariales.

Parece que en este ejercicio de buscar la cura, Colombia quiere buscar esa medicina y comenzar a frenar la enfermedad y la primera parte del tratamiento llega este domingo con la consulta ciudadana. ¿Pero cómo pasar del enérgico rechazo a los cambios estructurales? ¿Basta con un movimiento de indignados o es necesario que la propuesta surja desde la política, la misma que está infestada por este problema?

Como muchas de las cosas que ocurren en Colombia llevan música, los congresistas le pusieron a su  rechazo a la corrupción el ritmo de reggaeton. En las redes sociales recibieron por un lado, elogios por la fresca propuesta, pero también comentarios que ven en su iniciativa oportunismo político para mantenerse en la agenda rumbo al próximas elecciones presidenciales en Colombia.

Más que lo curioso de ver cantar a los congresistas  y lo colorido del video, la propuesta en el caso colombiano promueve suspender la casa por cárcel para los corruptos y otros temas que han generado dudas de su efectividad contra la corrupción como disminuir los salarios de los congresistas.

Parece que si el antídoto no está listo, al menos las pruebas de laboratorio comienzan a prepararse para que la corrupción no pueda seguir avanzando como enfermedad invasora, como diagnóstico crónico.

Como todo método para encontrar un medicamento debe pasarse por un proceso de ensayo y error, en esa búsqueda, muchas veces, el mejor antídoto está al aplicar una pequeña dosis del mismo veneno que en este caso podría ser que la solución surja de los mismos políticos o de movimientos que usen esas bases políticas. La duda es qué tan eficiente es esa solución de pensar que los mismos acusados de este delito, son parte de la solución o  si será necesario que los ciudadanos diseñen un tratamiento experimental.

Comentarios

Compartir