La socialdemocracia puede promover un un nuevo contrato social para la era de la digitalización

La socialdemocracia puede promover un un nuevo contrato social para la era de la digitalización. Una economía humana permitiría acompasar los cambios tecnológicos y laborales con un esquema basado en la seguridad social. En lugar de temer al mundo digital, los socialdemócratas deben entender el fenómeno y aprovecharlo para beneficiar a los más postergados.

Desde que finalizó la Segunda Revolución Industrial, el capitalismo global se ha enfrentado a una crisis de demanda. Si usted cree que para salir de la crisis basta con detener la austeridad, piense de nuevo. En las últimas décadas, las economías desarrolladas se mantuvieron vivas gracias a una demanda creada artificialmente. La inflación de la década de 1970, la deuda pública de la década de 1980, la deuda privada de la década de 1990 y la flexibilización cuantitativa de la década de 2000 fueron estrategias para inyectar recursos futuros a favor del consumo presente. Aun si la visión distópica de un mundo sin trabajo no se hiciera realidad, el poder decreciente de consumo de los trabajadores ya no puede apalancar el crecimiento. Esto significa que las esperanzas progresistas de un renacimiento keynesiano o un retorno al fordismo son erradas.

Los progresistas deben encontrar nuevas respuestas a los desafíos planteados por la revolución digital. En una economía global no es posible rechazar la innovación tecnológica. Pero las nuevas tecnologías también deberían ser adoptadas por sus propios méritos: la automatización de las tareas sucias, peligrosas y físicamente exigentes apunta a mejorar la seguridad y la satisfacción en el lugar de trabajo.

Sin embargo, el capitalismo digital está lleno de contradicciones potencialmente fatales. El desempleo y el subempleo masivos podrían agravar el problema de la demanda hasta lograr una implosión de la economía mundial. Si la automatización digital continúa amenazando la seguridad y la dignidad de la mayoría de la población, la actual revuelta contra la globalización será solo un pequeño anticipo de lo que está por venir.

Lo que necesitamos es un nuevo modelo de desarrollo para la era digital. Este nuevo modelo debe tener como prioridad y en su núcleo la necesidad de crear medios de subsistencia decentes. Nuestra mejor oportunidad para crear medios de subsistencia dignos en la era digital es la «economía humana».

La economía humana se compone de dos economías entrelazadas. Por un lado, la economía capitalista digital, que genera el excedente necesario para remunerar el trabajo por el bien común. Y por el otro, los bienes comunes humanos, que crean la demanda de consumo necesaria para mantener en marcha la economía capitalista digital.

Trabajos decentes: hacer que la mano de obra se adapte a la economía digital

En la economía digital, los empresarios contratarán humanos para realizar nuevas tareas. El trabajo humano también sigue teniendo demanda en las industrias de servicios, desde el turismo hasta el entretenimiento, desde el diseño hasta la moda, desde los alimentos hasta las artes y las artesanías, y desde la investigación hasta el desarrollo. Para hacer que este potencial de empleos humanos decentes se haga realidad, las habilidades de los trabajadores y las trabajadoras deberán actualizarse permanentemente.

Medios de subsistencia decentes: remunerar el trabajo por los bienes comunes humanos

La economía humana debe construirse en torno del reconocimiento de las contribuciones humanas al bien común. Se podrían generar millones de medios de subsistencia en los bienes comunes de los seres humanos, desde los servicios de salud hasta el cuidado de los ancianos, desde la crianza hasta la educación, desde la provisión de seguridad hasta la generación de conocimiento. Sin embargo, muchas de estas tareas, que son beneficiosas para la sociedad, no generan suficientes ingresos en la economía capitalista. Para crear medios de subsistencia dignos, es preciso crear mecanismos de remuneración para estas tareas.

Cinco políticas para dar lugar a la economía humana

1. Nivelar el campo de juego para el trabajo humano. En condiciones justas, sigue existiendo la necesidad de que los humanos trabajen junto con inteligencia artificial, robots y algoritmos. Al trasladar la carga fiscal del trabajo al capital, se puede nivelar el campo de juego para los trabajadores humanos. Necesitamos explorar cómo es posible gravar los robots y los datos con el objetivo de retrasar la racionalización del trabajo hasta que se creen nuevos medios de subsistencia.

2. Invertir en capacidades plenas para todos. Los humanos se destacan en comunicación e interacción social, creatividad e innovación, experiencia y juicio, liderazgo y previsión, flexibilidad y aprendizaje. Aprovechar estos talentos es la política industrial de la economía humana. Para explorar completamente los talentos humanos, se deben revisar en profundidad nuestros sistemas educativos. Para permitir la inversión pública necesaria en bienes públicos, se debe dar marcha atrás con el paradigma de la austeridad.

3. Impulsar la demanda de consumo a través del ingreso básico. El debate sobre la mejor manera de impulsar la demanda de consumo ha desencadenado la primera batalla política de la era digital. Los campos opuestos en el debate sobre el ingreso básico no encajan en la dualidad izquierda/derecha característica de la sociedad industrial. Por un lado, los técnicos del Silicon Valley que buscan impulsar la demanda de consumo, los multimillonarios de Davos que temen la llegada de las horcas, los neoliberales que quieren reducir el Estado de Bienestar, los luchadores contra la corrupción que buscan terminar con los intermediarios y los marxistas que sueñan con el fin de la alienación del trabajo en la sociedad del ocio; por el otro, los sindicatos que defienden su papel en la negociación colectiva, los socialistas que huelen un caballo de Troya para eliminar la seguridad social, los economistas que advierten contra el riesgo moral y los defensores de la justicia social que temen la exclusión. Como lo muestra el debate, la utilidad de los esquemas de ingresos básicos dependerá de su diseño, y se están introduciendo muchos enfoques alternativos. Elthink tank Institute for the Future (IFTF) demanda «activos básicos universales», por ejemplo, derechos a activos de libre acceso tales como vivienda, salud, educación y seguridad financiera. Yanis Varoufakis reclama un «dividendo básico universal», financiado por un Depositario de Capital Comunal.

4. Distribuir las fuentes de riqueza de forma más equitativa. Si los robots reemplazan a los humanos, entonces la pregunta es: ¿a quién pertenecen los robots? En una economía donde el capital reemplaza cada vez a más trabajadores, debe democratizarse la propiedad del capital. Richard Freeman sugiere que una «participación de los trabajadores» podría extender la propiedad de las empresas a los empleados para hacerlos menos dependientes de los ingresos salariales. Una alternativa pueden ser los fondos de inversión soberanos, que podrían resocializar los rendimientos del capital.

5. Remunerar el trabajo socialmente beneficioso. Si la economía capitalista digital no logra crear suficientes empleos, el Estado tiene que asumir el papel de empleador de último recurso. Esta necesidad económica puede volverse políticamente útil. En el vértigo del cambio, se requiere un mayor esfuerzo para fortalecer la cohesión social. El Estado puede alentar tales contribuciones al bien común remunerándolas.

El camino socialdemócrata hacia la economía humana

Crear medios de subsistencia dignos en la era digital requerirá una gran inversión en bienes públicos. Generar los ingresos para pagar estas inversiones no es una tarea política sencilla. Mientras que los ricos a menudo encuentran formas de evadir impuestos, los pobres no pueden pagarlos. Las clases medias, que se sienten maltratadas por las «elites egoístas», y los «pobres con derechos» están en abierta rebelión. Esta es la razón política por la cual la carga impositiva debe trasladarse del trabajo al capital.

Sin embargo, en la economía política actual, lograr los cambios de política propuestos será ciertamente una batalla muy dura. Queda abierto el interrogante de si la economía política del capitalismo digital será más propicia para la economía humana. Por un lado, las tecnologías distribuidas y la economía en red tienen el potencial de democratizar los medios de producción. Por otro lado, la concentración sin precedentes de poder en manos de empresas-plataformas digitales como Google, Facebook y Amazon apunta en la dirección opuesta.

La extraña alianza en torno de los esquemas de ingresos básicos indica una oportunidad. El capitalismo digital está reorganizando las fortunas políticas, y los progresistas deberían esforzarse para construir coaliciones alrededor de la necesidad de impulsar la demanda. Después de medio siglo de economía basada en la oferta y en políticas de recorte de gastos, volver a colocar los ingresos en el centro del pensamiento económico es una oportunidad que los progresistas no deben perder.

Construir la economía humana no es una tarea técnica, sino el resultado de las luchas políticas. Solo una amplia coalición social podrá implementar los cambios de política necesarios. Para formar esta alianza transformadora, necesitamos una plataforma en la que puedan aunarse tantas comunidades como sea posible. Esta plataforma no puede ser una mezcolanza de políticas, sino un discurso que explique cómo podemos hacer que la transformación digital funcione para todos.

¿Cómo podría ser este discurso? En medio de los conflictos sobre la soberanía, la identidad y la transformación de la distribución, debemos fortalecer los cimientos de la solidaridad entre todos los miembros de la sociedad. Esto solo puede lograrse mediante un nuevo contrato social para la sociedad digital. Este contrato social debe negociarse en torno de un compromiso entre todas las partes interesadas.

La economía humana ofrece un compromiso inclusivo de este tipo. En esencia, trasciende el conflicto entre capital y trabajo haciendo del capital humano el motor de la economía. Para el capital, la economía humana ofrece una solución a la amenaza existencial de que colapse la demanda de consumo. Para la población trabajadora, los medios de subsistencia decentes mitigan la amenaza del desempleo masivo. Y para los que toman decisiones políticas, cede la acechante amenaza de la inquietud social.

La senda socialdemócrata hacia el desarrollo, en otras palabras, crea la demanda necesaria para sostener la economía digital, la seguridad social que las personas necesitan para adherir al cambio permanente, la estabilidad política requerida para la implementación de reformas disruptivas. El contrato social para la sociedad digital es, en síntesis, proporcionar capacidades plenas a todos los que estén dispuestos a contribuir al bien común. Fuente: Revista Nuevasociedad

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