El atavismo de nuestra fábrica social/ Por Cándido Mercedes

Parecería como si un pasado tormentoso nos arrastrara y nos llevara de manera recurrente a tomar acciones como si el tiempo no transcurriera; como si nuestro ancestro secular no tocara la brisa de la sociedad del conocimiento y de la información. Un pasado que nos agujera y nos desmadra la necesaria organización social.

Somos una sociedad que en ese drama de desorganización social, ha asumido la atonía con las normas y reglas como parte de una cultura, que nos abruma en el espacio colectivo. Es ese atavismo que nos conduce a no realizar una asunción real del camino de la institucionalidad y en consecuencia nos mantiene atolondrados y atomizados como cuerpo social.

El atascamiento social es tan pronunciado que solamente tenemos que ver como la Dirección General de Impuestos Internos abrió el servicio de venta del marbete para renovarlo. Se dio a conocer a final del mes de septiembre, para comenzar a venderlos a partir del 2 de octubre hasta el 8 de enero, sin recargo. Esto es, más de tres meses, con 1,500 organizaciones e instituciones implicadas en la facilitación de las ventas de los marbetes.

Al llegar el lunes 8 de enero, faltaban 263,222 vehículos por renovar, de un millón 279,845 unidades. Lo que significa que el 21.6% faltaba para la referida fecha. Cuando se cumplió el plazo, un 15%, no había renovado, viéndose en largas filas y tener que pagar un sobrecargo de RD$1,000.00. Cientos de vehículos incautados por circular sin el marbete, teniendo que agotar varias horas para la recuperación y otra recarga o multa para que AMET le devuelva su vehículo.

¡Agreguemos que otros miles tuvieron que dejar sus vehículos en sus casas para evitar que AMET les incautara los mismos! Ese decaimiento en el cumplimiento, esa relajación, es una consecuencia de la laxitud, de las actitudes laxas, del laissez faire laissez passer con que las elites dominantes han permeado una forma de dominio a los sectores subalternos. Esa descomplexión, ese filtro, de posponer y alterar una norma, una regla, un cumplimiento, una fecha establecida, ha sido la cuerda del circo, como una forma de “aparecer” que flexibilizan, dan y otorgan lo que la sociedad desea.

Otra muestra de nuestro secular atavismo es el inicio de la docencia en el sistema educativo oficial después de unas vacaciones. A pesar del despliegue de publicidad del Ministerio de Educación, ahora en este lapso de navidad, apenas un 50% acudió a las aulas después de la “pausa” de navidad. Un sempiterno devenir sin ataduras nos envuelve en un demiurgo espantoso. Que más que tradiciones y costumbres, es como hemos sido permeado, para buscar atajos,” bajaderos”, de mecanismos informales, instrumentalizados desde las elites en un juego de dominio demencial. A veces quedamos transidos viendo esas acciones de la ciudadanía, que constituyen un terciopelo de la vitrina del atavismo que no nos permite avanzar como sociedad.

Por último y no menos importante, veamos el “conflicto” de ADP con el Ministro acerca de los 18 Directores Regionales y 122 Directores Distritales. La ADP, como otros gremios, está con una cultura atávica que bloquea a esa organización en todo lo que significa nuevas innovaciones, nuevos espacio de creatividad y un sentido más proactivo en la gerencia ministerial de educación. Todo el que crea en los valores democráticos, asume los concursos como el espacio de igualdad de oportunidades y como vía más expedita de la meritocracia. Los concursos ahogan, lo más posible, la discriminación, la discrecionalidad, la falta de justicia y, en consecuencia, el abuso de poder. No es lo mismo que el Ministro asuma la potestad que le confiere la ley de nombrar, que llamar a concurso.

Que todos los profesores que tengan más de 5 años tengan la posibilidad de concursar es loable, significativo, halagüeño. En la Gerencia del Talento Humano, una de la clave vital del Reclutamiento y Selección de Personal, una vez los candidatos han cumplido con los estándares mínimos para la selección, es la elaboración de las ternas. Las ternas constituyen el camino más correcto e idóneo para una efectiva selección del personal. Significa, por ejemplo, que un mínimo de tres personas han clasificado. Una con un 80, que es el mínimo para optar para el puesto, otra con un 88 y la última con un 95. Los expedientes son enviados al ejecutivo máximo que trabajará con una de las 3 personas que calificaron. Este gerente o supervisor, le hace una entrevista a los 3 y escoge el que él crea que hará el mejor trabajo. La terna se entiende como ausencia de imposición. Si solo envía una sola persona, no hay opción.

El Presidente de ADP, sencillamente demuestra su falta de conocimiento, su estrabismo competencional en ese renglón, o piensa que todo lo que venga de “arriba” hay que oponerse, aun en la más grave subjetividad y sin que esto traiga un eslabón de racionalidad. En un trabajador del conocimiento es simplemente la expresión de atavismo más cincelado. Ya decía Albert Einstein “la cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección”. Hay personas que los cambios les llegan a atenazar. No logran dar el salto de pasar del miedo a perder, a perder el miedo. Su complacencia es el ritmo de que todo siga igual y de que los conflictos, los cambios, no son la parte sustancial de las oportunidades.

Dirigen la visión de los cambios como la mácula de la impotencia perfecta: mente y cuerpo. Juegan en la dinámica de la negociación a ganar-perder y a perder-perder, por eso siempre llevan consigo el cintillo del extremo y no a la estrategia de la colaboración, que es ganar-ganar, sobre todo, cuando hay intereses contrapuestos. ¡Dejemos atrás esa cultura atávica que se expresa en el individualismo, en un rechazo atroz a la incertidumbre y en un manejo inadecuado en la distancia del poder, que nos convierte en máscaras de una fábrica social!

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