Cultura de paz como política de Estado/Por Alcedo Magarín

Constantemente,  nos llegan noticias de hechos violentos que nos sentimos horrorizados y desestabilizados emocionalmente, porque entendemos que estamos perdiendo la esperanza de vivir en paz en el mundo. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Realmente estamos perdiendo la armonía? y caso de ser así,  ¿qué hacer para conquistar la paz?

Ciertamente, estamos viviendo tiempos turbulentos donde algunas personas en búsqueda de su “realización”, ya sea  económica, política,  social o sentimental tropiezan con dificultades para las cuales no están preparadas psicológicamente provocando conflictos desastrosos donde alteran su paz y la de los demás.

Si nos detenemos a analizar los conceptos paz y conflictos, concluyéramos  en que ambos  fueron distorsionados por los políticos y científicos  sociales,  porque la paz se entendía como la ausencia de la guerra. Mientras que el conflicto como algo negativo que había que evitar por estar relacionado con la psicopatología, los desordenes sociales y la guerra.

Así lo sostiene el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su vigésima segunda edición 2001, define estas dos palabras: 1) “Paz, situación y relación  mutua de quienes no están en guerra”  2) “Conflicto: combate, lucha,  pelea. Enfrentamiento armado.  Como apuro, situación desgraciada y de difícil salida. Problema, cuestión, material de discusión”.

Resulta que tanto la paz como el conflicto, ya no se perciben  como los conceptos descriptos más arriba, incluso hoy sabemos que la paz es el estado ideal que puede tener y aspirar un ser humano, o una sociedad, previa educación para aprender a vivir en paz.

Algunas claves para poder vivir en paz, es cultivando la comunicación interactiva, empleando “la escucha – terapia”, oír más y hablar menos. La tolerancia es la aceptación, respeto y consideración a personas, ideas, situaciones, preferencias, características, cultura, etnia y opiniones diferentes. Tolerar es aceptar la diversidad y cosas que no se pueden cambiar momentáneamente. Practicando estas nuevas formas de enfrentar y resolver los conflictos evitamos la violencia y promovemos nuevas formas de convivencia a través de la cultura de paz.

¿Qué es la cultura de paz? Según La Organización de las Naciones Unidas (ONU), “es un conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que rechazan la violencia y previenen los conflictos atacando a sus raíces a través del diálogo y la negociación entre los individuos, los grupos y los estados, teniendo en cuenta un punto muy importante que son los derechos humanos. La  cultura de paz fue definida y aprobada en la Asamblea General Quincuagésimo tercer periodo de secciones mediante la Resolución 53/243 del 6 de octubre del 1999.

Está conformada por 9 artículos incluyendo un programa de acción con objetivos, estrategias y agentes principales y una consolidación de las medidas a adoptar todos los agentes de paz, pertinentes en los planos Nacional, Regional e Internacional, el cual se habla de medidas para promover una Cultura de la Paz por medio principalmente, de la educación.

República Dominicana como país signatario de la ONU, ha  adoptado como  política de Estado la cultura de paz, estableciendo las normativas jurídicas, las organizaciones competentes y formando los agentes de paz.

 

Con esta plataforma estatal se pretende gestionar la solución pacifica de los problemas que agobian a la ciudadanía a través de la resolución alternativa de conflictos.

En tal virtud, el Ministerio Público (el Fiscal) en su calidad de “representante de la sociedad”, está compelido a promover la resolución alternativa de conflictos, como lo establece el párrafo I, del artículo 169 de nuestra Constitución: “En el ejercicio de sus funciones, el Ministerio Público garantizará los derechos fundamentales  que asisten a ciudadanos y ciudadanas, promoverá la resolución alternativa de disputas, dispondrá la protección de las víctimas y testigos, y defenderá el interés público tutelado por la ley”.

Mientras, que el Código Procesal Penal (CPP)  promulgado por el Poder Ejecutivo en fecha 19 de julio 2002, entró en vigencia el 27 de septiembre del 2004; establece un conjunto de prerrogativas legales para restablecer la  armonía social y de las personas en conflictos con la ley. En su artículo 37, indica que la conciliación es factible entre las partes en cualquier momento previo a que se ordene la apertura del juicio. En las infracciones de acción privada, en cualquier estado de causa”.

Asimismo el artículo 38 del CPP, establece la mediación para facilitar el acuerdo de las partes, el Ministerio Público puede solicitar el asesoramiento y el auxilio de personas o entidades especializadas en mediación, o sugerir a los interesados que designen una.  Los mediadores deben guardar secreto sobre lo que conozcan en las deliberaciones y discusiones de las partes. Si no se produce la conciliación, las manifestaciones de las partes deben permanecer secretas y carecen de valor probatorio.

Igualmente, el artículo 39 CPP, establece los efectos que produce la conciliación. “Si se produce la conciliación, se levanta acta, la cual tiene fuerza ejecutoria. El cumplimiento de lo acordado extingue la acción penal. Si el imputado incumple sin justa causa las obligaciones pactadas, el procedimiento continúa como si no se hubiera conciliado”.

También la Ley Orgánica del Ministerio Público No. 133-11 de fecha 9 de junio del 2011,   en el artículo 1, parte in fine, ordena al Fiscal que siempre  “promueva la resolución alternativa de disputas y protege a las víctimas y testigos”.

La Procuraduría General de la República  emitió resoluciones complementarias a las normativas legales indicadas más arriba, como fueron la que  declara como política pública del Ministerio Público la promoción e implementación de los Métodos de Resolución de Conflictos en procura de la consolidación de la paz social, de ahí que la necesidad de  promover y habilitar los espacios físicos idóneos en las fiscalías o en coordinación con ellas para generar las condiciones adecuadas para el desarrollo de los diferentes servicios y programas de mediación y conciliación, así como la adecuada sistematización de las estadísticas de las situaciones conflictivas acompañadas, que conformarán la base de datos y mediciones de lo que ha de ser el Observatorio Nacional de la Violencia y los Conflictos.

Por su lado, la Suprema Corte de Justicia en consonancia con el  Código Procesal Penal,  emitió varias resoluciones donde ordenaba a los jueces implementar los procedimientos de la resolución alternativa de conflictos penales.  Asimismo aprobó el reglamento para la creación del Centro de Mediación Familiar del Poder Judicial. El cual contribuye a la prevención de conflictos familiares.

 

 

Trayectoria del proyecto por una Cultura de Paz

El proyecto por una Cultura de Paz, está sustentado como política de Estado en su implementación además de la  Procuraduría General de la Republica (PGR), a través de la  Dirección General del Sistema Nacional de Resolución de Conflictos (SINAREC) en sus atribuciones y prerrogativas como órgano rector y supervisor del manejo e impulso de los métodos pacíficos (alternos) de resolución de  conflictos del Ministerio Público y el Instituto de Educación Superior Escuela Nacional del Ministerio Público, a través de sus capacitaciones de Resolución Alternativa de Conflictos a Fiscales, Personal Técnico y Administrativo de la PGR.

Asimismo la Suprema Corte de Justicia, Participación Ciudadana a través de sus diez Casas Comunitarias diseminadas en varias provincias del país y el Despacho de la Primera Dama, que desarrolla este proyecto como uno de los Componentes del Programa Comunidades Inteligentes del que tiene como propósito fundamental contribuir para que en la sociedad dominicana exista una cultura de paz,  a partir de la asunción de una actitud de sana convivencia, centrada en el amor, el perdón, la solución pacífica de conflictos y el apego a los valores positivos de la familia.

Igualmente, el Ministerio de Educación (MINERD) promueve y desarrolla la cultura de paz y el buen trato en los centros educativos. Universidades, fundaciones e institutos privados  están contribuyendo con el fortalecimiento de la cultura de paz.

Nuestra exhortación a todas las fuerzas vivas del país a unirnos para restablecer los buenos principios, valores humanos y por ende rescatar el amor a nuestro prójimo, la dignidad, decencia, hospitalidad, solidaridad y la credibilidad en las instituciones públicas y privadas. Sólo así retomaremos la valentía de pregonarle al mundo “somos amantes de la paz y queremos vivir en paz”.

*El autor es el fundador del Instituto de Formación Gerencia y Liderazgo Americano (IFGLA) y Procurador Fiscal asignado al Instituto de Educación Superior Escuela Nacional del Ministerio Público.

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