Lula: entre un juicio viciado y una candidatura posible

El juez Sérgio Moro condenó al ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva a nueve años y medio de prisión y, de ser confirmada la sentencia, puede inhabilitarlo a presentarse como candidato el próximo año. ¿Este juicio es realmente una investigación por corrupción o forma parte de una estrategia de difamación y desprestigio del ex-líder del Partido de los Trabajadores (PT), tal como afirman sectores progresistas del país?

La Operación Lava Jato es algo inédito en Brasil. Siempre se supo o se sospechó de una trama de corrupción que ligaba a los grandes empresarios con los líderes políticos, pero es la primera vez que sale a la superficie algo de este nivel, con tantos nombres importantes de la elite económica y política involucrados y que acabaron presos. La investigación tiene un claro sesgo antipetista, como se refleja en el famoso powerpoint del procurador Deltan Dallagnol en el que Lula es el blanco principal, y es algo que también se desprende si uno mira la desproporción en la cantidad de líderes petistas presos. Lo irónico es que este tipo de investigaciones se hicieron posibles gracias al esfuerzo del PT por darle mayor transparencia y responsabilidad al gobierno, cosa que el mismo juez Moro reconoció en la sentencia que condenó a Lula.

La defensa de Lula apeló el fallo del juez Moro afirmando que este contiene «contradicciones, oscuridades y omisiones». ¿Exactamente a qué tipo de errores y planteos opacos se refieren? ¿Cuáles son los puntos más controvertidos del fallo?

Son aspectos técnicos, como la omisión que hace el juez Moro de las pruebas que demuestran que la constructora OAS ejercía la propiedad del tríplex, o la omisión del análisis técnico del contrato según el cual no habría en ese documento rasgaduras intencionales, etc. Los aspectos más controvertidos tienen que ver con la inexistencia de pruebas de que el tríplex perteneció a Lula; inexistencias, por ende, de algo que pruebe que la reforma benefició al ex-presidente y de que esta se costeó con recursos provenientes de la corrupción en Petrobras.

La sentencia a Lula se produjo solo un día después de la aprobación de una reforma laboral que liquidaba buena parte de los derechos de los trabajadores y flexibilizaba el mercado laboral. Además, se produce en un clima de confrontación política contra el gobierno actual, cuya popularidad es cada día más baja. ¿Qué relación existe entre el fallo y el clima político que se vive en Brasil con el gobierno de Michel Temer?

Hay muchas coincidencias entre los resultados de la investigación Lava Jato y hechos políticos como la decisión del juez Moro de difundir una charla telefónica entre Lula y Dilma Rousseff días antes de la asunción de Lula como ministro de la Casa Civil, o la decisión del magistrado Zavascki de autorizar que se abriera una investigación contra Lula y Dilma un día antes de que la presidenta apartada leyera su carta en respuesta a la destitución (impeachment). No creo que la condena a Lula se haya hecho con el objetivo de desviar la atención de la reforma laboral, que al fin y al cabo se aprobó en Diputados antes de pasar al Senado. Creo más bien que la condena es una demostración de fuerza en respuesta a las acciones del gobierno actual que buscan deslegitimar y debilitar la operación Lava Jato, como quedó en evidencia la semana pasada con la reducción a la mitad del equipo de hombres y el presupuesto destinado al área de la Policía Federal a cargo de las investigaciones.

Más allá de la animosidad política existente contra Lula y diversos miembros del PT, ¿cree que la izquierda teme discutir la cuestión de la corrupción?

La izquierda fue la que alzó la bandera del combate contra la corrupción y la impunidad durante el periodo de redemocratización del país. El PT fue siempre uno de los partidos más activos en denunciar e investigar casos de corrupción en los gobiernos a los que se opuso. El hecho de que el partido acabara enredado en las mismas prácticas que condenaba dejó al PT sin respaldo moral para volver a alzar esas banderas. Otros partidos de izquierda o cercanos a la izquierda, como el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), siguen adoptando un discurso de transparencia y condena de la impunidad, pero perdieron protagonismo en el debate a manos de grupos más conservadores que encaran el tema desde un punto de vista puramente moral.

Lula parece ser el candidato con mayores posibilidades de garantizar un triunfo del progresismo en Brasil. Por un lado, esto habla de una fortaleza del ex-presidente y dirigente histórico del PT. Por otro, podría expresar la incapacidad del partido de generar nuevos liderazgos que tomen el relevo de los antiguos. ¿En qué situación se encuentra hoy el PT y qué podría suceder de cara al proceso electoral del próximo año?

A Lula lo beneficia el éxito logrado en su presidencia, no solo lo beneficia su carisma. Ese éxito fue el que llevó al poder a varios dirigentes de izquierda en algunos estados del nordeste, que es donde las acciones del gobierno petista tuvieron más impacto. Creo que el PT seguirá imponiéndose en esa región del país, que es la que concentra a un tercio de los votantes independientes de Lula. Donde el PT sufrió su peor derrota es en el sur-sudeste, la zona más poblada y rica del país. Ahí es donde el partido va a necesitar reinventarse. Hay nombres que pueden ponerse al frente de esa reinvención, como el del ex-intendente Fernando Haddad. Pero la alternancia en el poder es normal. Y una derrota en las próximas elecciones tampoco sería el fin del PT. Si al partido le toca mantenerse en la oposición, sin duda aparecerán nuevos líderes, no tan fuertes como Lula, pero aun así lo suficientemente sólidos como para colocar nuevamente al PT en el poder.

Comentarios