De Periodista estrella a mendigo en el metro de Buenos Aires

Periodista emblemático en los años 90, Santiago Pinetta echa las horas en el metro de Buenos Aires. Llega con una sillita plegable, se sienta y estira la mano. La mayoría de la gente pasa de largo sin mirarle a la cara, incluso los que le dan algunas monedas o, si hay suerte, un billete. Entre la multitud alguien reconoció su rostro y su historia -como aquel monumental escándalo de corrupción que destapó entre el Banco Nación y la firma IBM- saltó a los medios de comunicación.

Le tatuaron con una navaja las letras IBM en el pecho

El portal de la cadena de televisión TN (Todo Noticias) se acercó al hombre y confirmó que era quien parecía ser. A los 84 años, Pinetta se había convertido en un mendigo. «Tengo que hacer esto porque no tengo plata para comer y comprar los remedios», le confió a su colega Javier Lozano.

El hoy viejo Pinetta camina con muleta, lleva varias operaciones de bypass, las cataratas le tienen a mal traer y en la piel conserva las marcas a navaja de aquellos que intentaron intimidarle para que no contará cómo IBM pagó en sobornos cerca de 40 millones de dólares para hacerse con un contrato de informatización del Banco Nación durante el Gobierno de Carlos Saúl Menem.

Periodista reconocido, Pinetta trabajó en diarios como Clarín y La Nación, además de en revistas históricas como Primera Plana o El Informador Público. En Clarín publicó buena parte del caso que luego detalló en un libro titulado «La nación robada».

Conmovidos

En el popular programa «Intratables» recordó estos días que los argentinos no pudieron leerlo porque «el servicio de inteligencia compró toda la edición». Recurso favoritos de ricos y poderosos para tratar de tapar los escándalos en Argentina, este periodista de raza siguió insistiendo con sus denuncias pese a que le rompieron los dientes y le tatuaron con el filo de una navaja las letras IBM en el pecho.

El caso de Santiago Pinetta conmueve a la profesión y a la sociedad argentinaque no termina de entender cómo un periodista así puede acabar pidiendo limosna en el metro. Fuente ABC.es

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