El relacionista es un humanista por vocación, un influenciador positivo y un líder de servicio

Hoy más que ayer, todas las empresas, instituciones y marcas necesitan el acompañamiento operativo, táctico y estratégico de profesionales éticos y humanos de relaciones públicas.

Los ciudadanos/clientes desean que las organizaciones con las que mantienen algún tipo de vínculo comercial o social piensen y actúen como ciudadanos corporativos transparentes, cercanos, informativos, socialmente responsables, incluyentes, influyentes y dialogantes. No cualquier relacionista está en capacidad de generar y gestionar ideas y actividades que ayuden a crear y mantener relaciones sanas.

No son relacionistas los que utilizan el poder persuasivo de los medios de comunicación y es así como aprovechan de la ingenuidad y humildad de las audiencias para convertir verdades en mentiras y mentiras en verdades.

En la sociedad de hoy, en la que conviven nativos y emigrantes digitales, una sola mentira es suficiente para poner en duda todas las verdades. No son relacionistas los que por amor al dinero son capaces de vender sus almas al diablo.

El relacionista es un humanista por vocación, un influenciador positivo y un líder de servicio. No es el vocero de mentiras y el mensajero de notas de prensa, es un profesional de las relaciones públicas, que ha logrado desarrollar competencias, habilidades y experiencias que le permiten crear, gestionar y controlar estrategias y acciones, con el propósito deliberado de establecer un ambiente relacional positivo y colaborativo entre las organizaciones y sus grupos de interés y estratégicos. Es absurdo creer que la tarea más importante del relacionista es la de mantener vínculos solo con los propietarios y ejecutivos de los medios masivos de comunicación.

Las empresas e instituciones necesitan vincularse con diferentes grupos de interés. El relacionista investiga, planifica, ejecuta y controla políticas, objetivos, estrategias y acciones tácticas de relaciones públicas.

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