Asimetría y déficit democrático en lo político-institucional/Por Cándido Mercedes

“Hay que educar al hombre para que respete las leyes. Sin leyes no hay sociedad humana, y las leyes solo tienen valor si cada persona
las acepta y las respeta y las hace respetar”. (Juan Bosch).

Tenemos una clase política enzarzada en la poltrona de la esquizofrenia, encontrando la punta del iceberg en la visibilidad de la arrogancia y en la jerarquización de la fortuna. Se han apropiado de un poder que obviamente es delegado y cierran en consecuencia la puerta a la ciudadanía que es, al final de cuentas, la verdadera supremacía del poder. Un poder delegado será siempre un poder coyuntural.

Ya lo decía Rousseau “El poder derivado del pueblo es más real que el derivado de las finanzas y más seguro en sus efectos… por eso un Estado rico en dinero es siempre débil y un Estado rico en hombres siempre es fuerte”. La clase política nuestra, que ha derivado cada vez más en una plutocracia, juega, ora por su ceguera ora por la avaricia despiadada del dinero, a la inestabilidad institucional y por ende, a una verdadera disfunción social que desembocará inexorablemente, ineluctablemente en una crisis política, en gran medida por el alud de sus acciones y decisiones referenciales.

¡Que el sueldo más alto de un funcionario público esté contenido 223.9 veces más que el sueldo del salario menor en la Administración Pública es deshonroso y espeluznante, vergonzoso! RD$1, 146,045 pesos, el sueldo más alto; RD$5,117 pesos, el sueldo mínimo. El sueldo mínimo que representa el 22.6% en la Administración Pública requiere para llegar al sueldo de un mes del funcionario que más gana, 18.6 años. Esto, sin contar con el Sistema de Compensación que ampara al funcionario. Vale decir: vehículo, combustible, chofer, tarjetas de crédito, seguro internacional, plan de pensión especial, bonos, etc. etc. En el caso del Banco Central, anualmente, tienen como política entregar entre 3 a 5 sueldos más allá del salario 13.

Lo que estamos dibujando, graficando en esta enormidad de asimetría, en esta lacerante bastedad, increíble tosquedad y terrible saciedad, es que un empleado necesitaría cuasi 40 años para llegar a las compensaciones promedio de un mes del referido funcionario. ¡No creemos que exista un país donde desde el Estado mismo se impulse, se premie y se genere toda una cultura de complicidad y acomodamiento para crear esta pandemia de desigualdad!

Hemos dejado a los políticos actuar como si el país fuera total y enteramente de ellos. Si hay en ellos vocación democrática, de manera sistemática y “coherente” es la de ellos invocar la democracia como mecanismo y fuente de legitimidad, no obstante, es de manera abstracta que la asumen. En la praxis social actúan como si la sociedad fuera una mero edificio, un pent-house, una finca hermosa, donde cada uno de nosotros conformamos los peones.

Es lo que explica que el Congreso aprobara la Ley de Seguridad Social 87-01 y ellos tengan un Sistema de Protección Social especial, donde los ciudadanos mensualmente transferimos a ellos para su Instituto de Prevención Social RD$50.8 millones de pesos. Tienen seguro internacional, dos exoneraciones sin límites en 4 años; préstamos especiales en el Banco de Reservas. Tienen unos cofrecitos y barrilitos ilegítimos, moralmente reprochable y éticamente condenable. Violan de manera vulgar, hasta la saciedad, la Ley de Salarios 105-13 ya que reciben incentivos por asistencia y por las comisiones, cuando eso es parte nodal, inherente, consustancial a la naturaleza de su puesto. Los artículos 24, 25 y 26 de la referida Ley lo señalan de manera ostensible.

Nuestros políticos actuales, sobre todo, los que gobiernan, no han asumido el nuevo paradigma: Aprender a aprender aprendiendo. Ni siquiera asumieron el tránsito del paradigma anterior: Aprender haciendo. Se han quedado congelado en el paradigma Aprender imitando, trascendiendo en lo negativo. Nadie ha superado al Partido en el poder, desde la transición hacia la democracia en el 1978. La corrupción hoy por hoy es: Sistémica, Estructural e Institucional.

Desde la más alta instancia del poder se concibe al Estado como una Corporación. Por eso, tenemos una Corporotocracia donde el entramado: Poder – Política – Negocios, no habían estado tan combinados y tan hoscamente diseñado, construido. Toda la fisonomía, dimensiones y manifestaciones de la corrupción están en los escenarios. Las apuestas desde el poder mismo es que no se visibilice “que sean inteligentes”, para no tener que quitarlos, o cambiarlos.

La atonía social que acusa la sociedad dominicana es la más oscura perspectiva si no desarrollamos una asunción real de desalambrar estas cadenas de déficits democráticos propiciadas desde las instancias más altas del poder político. Es que ellos se deslegitiman con la “Visión” que tienen de la política: una profesión para tener dinero. No hay pasión por servir, como nos decía ese laureado estadista, José Mujica, en su reciente visita al país.

Tenemos políticos venales al servicio de ellos mismos, es lo que explica el Tótem de la Escala de Salarios (16) en el Estado y el incumplimiento de las leyes de manera tan alegre, contradiciendo de manera meridiana la cita con la que iniciamos el artículo. No se puede entender ni asumir que desde el Estado mismo se propicie el conflicto político de la desigualdad y la redistribución de los ingresos.

¡Que solo el 14% de los ciudadanos que trabajan en la economía formal paguen Impuestos sobre la Renta, ya que ganan más de RD$33,000 mil pesos, que el 42.6% de los que están en la Tesorería de la Seguridad Social ganen menos de 10,000 mil pesos, habla muy mal de nosotros como sociedad y sobre todo, de las elites política y económica. Como nos diría Thomas Piketty en su libro La Economía de las desigualdades “La sociedad justa debe maximizar las mínimas oportunidades y condiciones de vida ofrecidas por el sistema social”:

Ese déficit democrático en la política, en lo institucional, se pone de manifiesto cuando el Poder Ejecutivo pretende violar la Ley 392-07, Ley sobre competitividad e Innovación Industrial (Pro-Competencia) al querer que las empresas amparadas en la misma paguen ahora, cambiándole LA REGLA DEL JUEGO, el 50% del ITBIS en Aduana. Seria descapitalizar a esas empresas, la mayoría pequeña y mediana, que perderían indudablemente competitividad.

Una negociación donde solo “gana” el Poder Ejecutivo en su Flujo de Caja, empero, desencaja a los que producen. Esto es lo que se llama una ineficiencia estática que no resuelve, problematiza el clima de negocios y trastoca la normativa por una necesidad coyuntural del Gobierno, lesionando a los actores involucrados. ¡Una estrategia al final de Perder – Perder! Definitivamente, estos actores políticos requieren urgentemente cambiar las formas de pensar y como diría José E. Stiglitz, “El cambio debe verse como algo tanto posible como deseable, y debe comprenderse que, debajo del cambio, se encuentra el aprendizaje”.

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